lunes, 26 de mayo de 2014

El Clan Hávamál en el evento de Ogroziedniec, Polonia

Castillo de Ogroziedniec
Es difícil describir con palabras la totalidad de sensaciones, conocimientos y vivencias adquiridas en éste viaje que, sin duda, ha aportado un cúmulo de experiencias muy enriquecedoras tanto a nivel individual cómo de grupo. Aun así intentaré narrar cuánto aconteció en ésta travesía:



Y he aquí que un viernes empieza nuestra aventura, Partiendo hacia Polonia gracias a una invitación de Marcin Lutomski, organizador de eventos como el de Wolin o el de Ogroziedniec, al cual nos dirigíamos.
El vuelo fue una hecatombe, subiendo los últimos en el avión y, por consiguiente, ocupando las únicas cuatro plazas que quedaron libres en los lugares más “cómodos” posibles. Para grandes estaturas y corpulencias como las nuestras fue infinitamente agradable comprobar en las rodillas, durante dos horas y media de vuelo, cada una de las protuberancias metálicas que sobresalen de los asientos mientras el señor que ocupaba la plaza situada justo delante se movía para acomodar su trasero en su totalidad; o tan agradable como cuando el señor que tenía sentado a mi derecha sorbía a escondidas de una botella de whisky que tenía oculta dentro de una bolsa dejando un álito de botiquín en el ambiente; pero no tan agradable como cuando un grupo del imserso intentaba ligar con uno de nuestros miembros a grito pelao. Definitivamente sí, viajar en avión es, en sí mismo, una gran aventura.

En el aeropuerto de Katowice, Jakub, uno de los chicos que se encargaban de la organización, nos esperaba, con un excelente refrigerio cervecero, para llevarnos al castillo de Ogroziedniec, el lugar donde se realizaba el evento. Nuestra evidente sorpresa fue sin duda el recibimiento: siempre se ha oído hablar mucho acerca de las diferencias notables entre el carácter mediterráneo comparado con el del este… hay que dejar claro que es una leyenda urbana. No solamente por el recibimiento que tuvimos en el aeropuerto sino también por el recibido en el campamento por gente a la que no conocíamos de nada.
El trayecto hacia el evento duraba unos cuarenta y cinco minutos que aprovechamos para informarnos y como no, e inevitablemente, comparar toda información y manera de hacer en Polonia con el que se vive en nuestras propias tierras. Es impresionante con qué pasión se vive allí la recreación y cómo se interioriza hasta sus raíces. Un “modus vivendi” que va más allá del puro hobbie o afición.

Una parada obligatoria en un comercio para adquirir bienes absolutamente necesarios e imprescindibles: cerveza, cerveza y un poco más de cerveza por si se acaba… unas dos cajas de birra de medio litro y a proseguir el viaje.

Al llegar nos muestran la tienda donde vamos a alojarnos durante todo el fin de semana. Se trataba de un pabellón, como para veinte personas, pero sólo para los seis miembros internacionales: los cuatro españoles que formábamos Clan Hávamál y el grupo Oi Askoi formado por el francés Pierre y el inglés Daniel (que nos dieron la bienvenida con una botella de vino francés). Tras las presentaciones y nuestras muestras de agradecimiento pedimos a Jakob una olla para hacerles entrega de nuestro prometido regalo: Pacoramix, la bebida hispana de los dioses!

Acabado de hacer el jugo, nos acompañan al campamento donde se está realizando el rodaje del nuevo videoclip del grupo de música “Percival”. Marcin, nuestro anfitrión, se encuentra allí entre antorchas, eslavos y enojados vikingos que no dudan en romperse vasijas de cerámica en la cabeza. Todo un espectáculo.
Y si la música amansa a las fieras y a las mujeres se las conquista con flores y buenas palabras, a los polacos con la bebida. Rápidamente corría la voz por todo el campamento de la llegada de los hispanos y su dulce néctar y acudieron muchos sedientos e intrigados al lugar.  Y aquí fue donde realizamos ya el contacto con los que seguro serán grandes amigos de recreación: la organización por completo (obsequiándonos una botella de Vodka polaco), desde Suecia, Jocke Rosqvist y su encantadora pareja Kat (que obsequió al Clan con una piel de reno), el simpático Przemysław, al hermano gemelo de “Jack Sparrow” (emperrado en que Paco era familiar de Gimli)  y otros muchos compañeros cuyos nombres me son impronunciables jajajaja. A ésta llamada también acudió Marcin, nuestro anfitrión, para prestarnos su saludo y agradecimiento por aceptar su invitación. Momento en que el Clan Hávamál aprovechó para presentar sus respetos y, en agradecimiento, obsequiarle con nuestros presentes todo ello en una atmósfera casi mística e irreal del medievo, junto al fuego de una cálida hoguera y el buen reír y el mejor beber (comprobamos la gran carta de vodkas, whisky, hidromiel y cervezas que posee la región)... hasta el nacer del sol.
Las actividades matutinas empezaban muy temprano. Parece mentira lo puntuales y serios que son ésta gente sabiendo que la noche anterior había sido tan excesivamente ebria y tardía. El campamento cobró vida mucho antes de que cualquier visitante pudiera acercarse. Tiendas y paradas con artesanos y artesanía. Absolutamente nada que ver con los mercados medievales que se gestan en España: paradas con rollos de lana y lino, trabajos en madera con material de la época, tiendas de ropa, bordados y Tablet que se realizaba in situ, joyería eslava y vikinga por doquier. Ni una sola paradita de gominolas, muñegotes de plástico ni nubes de azúcar y ni un solo personajillo de feria disfrazado. Mucho respeto por la historia y por/para los recreadores.













  
La primera actividad era la presentación oficial de los grupos. Muchos de ellos muy conocidos dentro del mundo de la recreación escandinava y eslava: Kolovrat, Svantevit, Bielska Druzyna najemna, Nord Elag, Wataha, Winland entre otros.
Nosotros, junto a nuestros compañeros normandos, nos quedamos los últimos como muestra de educación y respeto y fuimos presentados como los dos grupos internacionales del evento. Hicieron mucho hincapié en que nos presentáramos en nuestro idioma aunque no nos entendiera nadie y así lo hicimos ante la ovación de los presentes.


La segunda actividad del día era el tiro con arco que se realizaba justo al lado de nuestra tienda.


Aprovechamos, entre actividad y actividad, para poder visitar todo el campamento recreacionista y el imponente castillo que asomaba justo por encima de nuestro campamento.
La actividad diaria, como el hecho de cortar leña, era algo exquisito de ver ya de por sí. Ningún anacronismo en material de campamento, ropas austeras i prácticas para utilizar durante el día o para trabajar, ecos de flautas surcando el aire… es difícil de describir las sensaciones de todo aquello vivido. Nos trasladamos totalmente en el tiempo a un siglo X al alcance de nuestras manos. Da gusto ver tiendas especializadas en material de la época: baúles, mesas, camas, lámparas, joyería, cinturones, hebillas, fíbulas, ropa, telas, cantimploras, forja… nada que ver con lo que puede observarse en España.




El paseo por el castillo también fue espectacular pudiendo subir hasta su torreón para poder deleitarnos de las vistas de todo el lugar mientras el grupo de música “Percival” realizaba un concierto de música típica eslava en directo.



Pero cuando ya no parecía que no podrían sorprendernos más empezaron los combates. Marcin, el organizador y nuestro anfitrión, ya nos advirtió de su dureza y del estilo propio que poseen sugiriéndonos que éste año no entráramos en combate. Observad, dijo… y cuánta razón tenía:
Ya advertimos en un principio de las gruesas protecciones con las que se iban pertrechando los participantes aunque no creímos nunca que lo que veríamos nos sorprendería tanto. Los primeros combates eran de cinco contra cinco y el nivel de agresividad en ellos era bestial. Algo que nosotros solamente hemos llegado a practicar en “petit comité” con compañeros de confianza y siempre vigilando las zonas más vulnerables como son cara, cuello, zona de clavícula o las articulaciones. Protecciones de motocrós y cuquilleras ocultas bajo la ropa histórica estaban a la orden del día y no es para menos. Estos chicos llevan consigo horas y horas de entrenamiento en algo que consideran un deporte de contacto, un battle of nations del siglo X y un orgullo para su Clan. Observamos también muchas espadas modificadas y optimizadas para un mejor uso en las competiciones (recortadas) incluso muchachos que combatían sin ningún tipo de protección en el torso, a pecho descubierto, o individuos que luchaban solamente con una hacha o un diminuto sax. Lo increíble de todo ello es ver que nadie salió herido en ninguno de los combates ocurridos durante todos los días que comprendieron el evento. Hay muchísima técnica y horas de entrenamiento.
Luego, la competición dio salida a los combates individuales (aún más agresivos). Mucho uso de las patadas contra pecho o escudo, empujones hacia la zona doblemente delimitada (haciéndola caer en muchísimas ocasiones) o a puñetazos (con el arma en mano una vez entrado un “enganche” cuerpo a cuerpo).

Finalmente los combates de cuerpo a cuerpo del tipo Glima. Todos ellos, siempre y hay que recalcar, bajo el amparo de varios jueces que son totalmente respetados ante cualquier decisión tomada, ya sea dando a conocer el vencedor o parando el combate en caso de necesidad.


La organización nos proveyó de cuanto necesitamos mientras estuvimos allí, sin ningún tipo de reservas incluyendo pieles de jabalí para nuestra comodidad en la tienda como las comidas típicas realizadas: potajes de verduras y estofados







La última actividad, como no, era la de los combates multitudinarios. Es impresionante ver a trescientos recreadores equipados con su panoplia correspondiente en un combate a campo abierto. Muros de escudos y movimientos protectores envolventes así como ataques y movimientos por los flancos bajo órdenes de sus respectivos capitanes, combates caóticos donde las danesas caían a plomo sobre cascos y hachas contra escudos, caídas y gritos por doquier.

El día terminaba aquí… bueno, no del todo. El campamento de nuevo cobraba vida y, junto con nuestros nuevos compañeros, bebíamos y reíamos alrededor de la hoguera. Nos restaba despedirnos y regresar a la mañana siguiente a nuestras vidas reales.

Y aunque no pueda describirse con palabras, solamente nos queda agradecer a nuestros anfitriones, Jakub y Marcin la infinita hospitalidad mostrada desde un primer momento, sus ejercicios, enseñanzas y lecturas acerca de la recreación en Polonia nos las llevamos con nosotros a España aquí, muy cerca de nuestro corazón. Se nos ha tratado como a reyes y eso es algo que no podremos agradecerles nunca lo suficiente. Nos han dado infinitas lecciones tanto como personas como recreacionistas.
A nuestros compañeros de tienda, los normandos de Oi Askoi, unas bellísimas personas.
A todo el grupo Wataha por acogernos en su campamento y, finalmente, a todo el resto de recreacionistas con los que pudimos interactuar en esas divertidas, frías y ebrias noches polacas.


Dziękuję bardzo.
Slawa!!!!!!


PD: Malditos cabrones!!!!!!!!!!!! Saco de mierda!!!!!!! (frases aprendidas y repetidas hasta la saciedad por nuestros compañeros polacos)

Texto de Agustí Farigola

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